El capital riesgo social
se caracteriza por:

Brindar apoyo no financiero
Esta fórmula no se limita a la inversión de capital, también permite aportar conocimiento, experiencia y apoyo en la mejora del modelo de gestión, orientando otros aspectos como la planificación estratégica, el marketing, la comunicación o el acceso a potenciales inversores.

Proveer recursos a medio y largo plazo
El apoyo que presta el capital riesgo social abarca un periodo de entre tres y cinco años, con la finalidad de conseguir la autofinanciación del proyecto participado.

Aplicar una financiación a medida
Al igual que el capital riesgo tradicional, el capital riesgo social determina cuál es el instrumento financiero más adecuado para cada organización, aplicando desde donaciones sin retorno (con la única exigencia de obtener rentabilidad social) hasta préstamos participativos, mezzanine o capital económico.

Aumentar el impacto social
Esta herramienta económica busca mejorar la capacidad operativa y la eficiencia en el funcionamiento tanto de empresas con un fin social como de emprendedores que desarrollan una actividad en el ámbito social, consiguiendo un mayor impacto en beneficio de la sociedad.

Evaluar la evolución del proyecto participado
La inversión está basada en el seguimiento y evaluación constantes de los resultados obtenidos.

Como inversión socialmente responsable (ISR), el capital riesgo social permite alcanzar una rentabilidad social y medioambiental, sin olvidar la rentabilidad financiera de los proyectos.